23 de septiembre de 2015

Por fin (PdA, parte final)

-¡Vete!-le dijo a la chica, que se detuvo en seco.
-Pero yo…
-¡No me debes nada!-oyó a la manada más cerca-. ¡MÁRCHATE! ¡Vive!-la chica notó algo extraño en su voz. ¿Alegría?
-Por favor, resiste… Llegaremos.
Una bala impactó sobre la pierna del hombre. Gritó de dolor, aunque ya no importaba.
-¡VETE! ¡Están cerca! Por el amor de Dios… ¡Ve a ese laboratorio y libra al mundo de esta maldición.
La chica lloró por aquel hombre muerto que le había salvado la vida y ahora se sacrificaba por ella, por aquel desconocido al que debía su existencia.
-Adiós, Caminante…
Y se marchó.
El hombre se quitó el respirador, sonriendo por primera vez en mucho tiempo. Se dio la vuelta en el suelo y dejó caer los tanques de aire, uno vacío y el otro agujereado.
Se miró la herida, oyendo las balas perdiéndose en la nada a su alrededor. Allá por donde la  bala del fusil de caza le había atravesado brotaba sangre, su roja sangre…
Por mucha vez en mucho tiempo, se sentía feliz.
No sin dolor, levantó el tronco y miró la herida de su pierna. Tenía mala pinta, pero... ¿Qué importaba ya?
Apuntó con su escopeta al frente. “Allá voy, mi vida”, pensó, con una sonrisa en su rostro. “Por fin volveremos a estar juntos… Por fin”.

Disparó.







*NOTA: Gracias a los que han tenido la paciencia de esperar al final de esta historia. Se ha hecho de rogar, pero aquí la tienen. Espero que la hayan disfrutado mientras leían tanto como yo la disfruté en mi mente. ¡Nos leemos!

3 de mayo de 2015

¡Feliz día de la madre!

Madres...
Gracias a ellas vivimos. Están presentes en nuestras vidas desde el primer milisegundo de existencia, se desviven por nosotros y tratan de darnos los valores y las guías que nos lleven por el buen camino.
Una madre es paciencia y amor (aunque muchas veces las hagamos rabiar hasta el punto de que las sacamos de sus casillas), hacen lo que sea por sacarnos adelante, sin descanso buscan nuestro mayor bienestar y que nuestros sueños se cumplan.

Yo he tenido la suerte de tener a una de las mejores personas como madre.
Te has encargado de que no me falte de nada, he tenido todo lo que he necesitado y más. Siempre me has ayudado en todo lo que has podido: mis rabietas porque no me salía bien alguna tarea o no llegaba a aprenderme lo que exigían en el colegio las llevaste con paciencia y calma. "Te tranquilizas y luego vienes y me lo dices todo". Y, así, poco a poco iban saliendo. No sé ni cuántas horas te habrás pasado ayudándome a preparar un examen, con aquellos resúmenes con la letra diminuta que siempre me preguntabas (y, con mala leche, al azar para ver que "me lo sabía bien"), los ánimos que me diste en cada examen de PAU y los que me das cada vez que tengo una prueba.

Siempre me preguntas qué tal me ha ido el día. Te gusta que hablemos, me preguntas todo mil veces (que, aunque te demos la chapa con que estás en tu mundo, se agradece saber que te interesas por nosotros, pero no te lo tomes como una carta de libertad ahora, ¿eh? Jaja), te deslomas en tu trabajo para que consiga alcanzar mis sueños y que tenga un buen futuro... ¿Qué más se le puede pedir a una madre cuando te lo da todo?

Gracias por todo el cariño que me has dado a lo largo de mi vida, por tenerme siempre en tus pensamientos y por saberme llevar con el carácter tan difícil de soportar que tengo.

Gracias por todo mamá. ¡FELIZ DÍA DE LA MADRE!

29 de abril de 2015

Personita especial

Todos y cada uno de nosotros tenemos una persona especial en nuestra vida.
A veces se hace de rogar para llegar, y su venida parece no hacer acto de presencia. Otras veces está ante tus ojos y ni siquiera lo notas. De una manera u otra, todos tenemos una persona especial.
A mí me ha tocado vivir el primer caso. No es un contra, para nada. Lo que tarda en llegar tiene ese regusto a triunfo, esa sensación de "por fin", que te eleva a las nubes y te hace vivir en una felicidad que, si no es eterna, roza la eternidad.
Y una vez llega... Miras el camino recorrido, y te das cuenta de que ya no hay zarzas en el punto en el que te encuentras. De repente, sin más, hay todo un camino lleno de rosas que te acoge con su perfume y te invita a disfrutar de cada paso que des en adelante.
He tenido la suerte de que mi personita especial, a pesar de demorarse (a veces creo que a posta, para que la valore más), ha convertido mi vida en algo maravilloso.
Siempre me da su apoyo, demuestra entusiasmo en cada una de las cosas que le comento, me da absolutamente todo. Y yo, egoísta y mimado, siempre le exijo más y más... Y ella siempre da más y más, sin pedir nada a cambio. Simplemente da.
Me encanta su sonrisa. Cuando sonríe se para el mundo, así de claro. Y cuando me mira con esos ojitos... A veces con enfado cuando la hago rabiar, a veces con una ternura infinita... Ambos (por fortuna), para mí, al completo.
No tengo más para darte que todo esto que siento por ti, y nunca podré agradecerte que cada día pueda contar contigo, para lo que sea... Gracias por escogerme a mí de entre tantos seres humanos que hay en este mundo para seguir la ruta que marcan nuestros pasos.
Te quiero.

26 de abril de 2015

Vete (PdA, parte XII)

El movimiento fue rápido. Se colocó de espaldas al tipo y abrazó a la joven para cubrirla. El lobo disparó.
Sonó un ruido metálico y, a continuación, aire que se escapaba de su recipiente. Se giró sin perder un segundo y en esta ocasión disparó él su escopeta, directo a la cabeza, que reventó en mil asquerosos y rojizos pedazos.
Corrieron como nunca antes lo habían hecho, él la seguía. Miró su regulador. Se estaba quedando sin aire. Esperaba que no quedara muy lejos el búnker de la muchacha.
Oyó carcajadas a su espalda. Muchas carcajadas y de distintos tonos y en distintas posiciones. Les seguían.
No perdía la vista de la espalda de la muchacha, a escasos centímetros por delante de él, mientras oía cómo proyectiles pasaban al lado de ellos. Por una vez, agradeció la poca visibilidad de la calima.
Le dolía la espalda, pero no paraba, deseando que la muchacha le dijera que su destino estaba próximo… Era cuestión de tiempo que una bala, por mera fortuna, diera en su objetivo.
Intentó respirar, en vano. Botella de aire agotada. “Por favor, que esté cerca…”.
De repente, cayó al suelo. La chica oyó la caída y se detuvo para ir a su lado.
Intentó incorporarse. No podía. De repente, notó algo caliente resbalando por su estómago…
Rio.
Todo tenía sentido ahora. Era en este momento cuando entendía por qué la viga no había soportado su peso, por qué no había muerto en aquella casucha cuando quiso reunirse con su otra mitad en otra vida, otro mundo, mejor que aquél que quería abandonar y, al fin, su deseo se cumplía. “Sí, cielo, ya voy, estoy de camino”.

-¡Vete!-le dijo a la chica, que se detuvo en seco.

19 de abril de 2015

Satisfacción personal (PdA, parte XI)

Los pasos del intruso se oyeron subiendo los escalones. El sigilo no era su fuerte. Preparó el machete…
La muñeca del tipo asomó por el marco de la puerta, empuñando una pistola. Descargó con fuerza contra el brazo el filo que blandía y, antes de que pudiera vociferar por el miembro amputado, saltó al pasillo y le rebanó la garganta. Cayó por su propio peso.
-No hay tiempo que perder-le dijo a la joven-. Vayamos a tu refugio. No tardarán mucho en darse cuenta de que éste no vuelve, así que démonos prisa.
Se colocó su equipo de buceo a la espalda, su respirador y sus gafas. Fueron al jardín en la parte de atrás para recoger su kit de emergencia y emprendieron la marcha.
Saltaron la valla que separaba el jardín en el que se encontraban y el colindante, repitiendo la operación jardín a jardín, evitando lo máximo que pudieran la calle principal.
Oían a los de la manada registrando casas a medida que las pasaban, extremando las precauciones para que no les detectaran.
Al saltar al jardín siguiente no tuvieron tanta suerte.

Se encontraron de bruces con él, les apuntaba con un rifle de caza y sus ojos delataban lo que su mascarilla ocultaba: una satisfacción personal sin límites.

15 de abril de 2015

El Túnel (La Vida de la Muerte, parte II)

El cuarto de baño comenzó a ser devorado por una densa bruma negra que se propagaba desde el suelo y escalaba viscosamente hacia el techo, enfriándolo todo a medida que avanzaba. Sentí pavor. No transmitía buen rollo para nada.
La Muerte, ajena a mi temor, seguía parloteando:
-¿Te has parado a pensar en la de siglos que tu especie lleva considerándome un ente femenino?-giró la guadaña y una blanca puerta apareció en mitad de la crepitante oscuridad en la que se había convertido el baño-. ¡¿Nadie se ha parado a pensar en que puedo ser un tío o qué?!
Llamó a la puerta con su esquelética mano. Con un quejido, ésta se abrió, dejando ver un pasillo con una luz al fondo.
Quise preguntarle que si ése era el famoso túnel, pero seguía sin poder articular palabra.
-¿A qué esperas? ¡Pasa! ¡Como si estuvieras en casa!-me empujó hacia dentro, pasando detrás de mí.
Al cerrarse la puerta no había más luz en aquel pasillo que la que se vislumbraba allá al fondo. No sentía la presencia de mi compañera (o compañero) la Muerte por ningún lado. Me sentía solo.
Una sensación de absoluta tristeza me atacó. ¿Qué era todo esto?
Sin saber muy bien el porqué, caminé hacia aquella luz. Cada paso que daba me costaba más, sentía como si a cada zancada me pusieran plomo en los pies.
Miré al frente. La luz parecía menos lejana, pero lejos aún. Tropecé.
El sentimiento de tristeza crecía en desmedida. Me acurruqué, sin poder articular sonido, abrazándome las rodillas en el suelo.
Sonidos secos de pasos en el suelo llegaron a mis oídos; se pararon. A continuación, una mano me asió del hombro y me arrastró por el suelo.
Había pasado una eternidad cuando noté algodón bajo mi cuerpo.
La sensación de tristeza había desaparecido igual que llegó, de golpe. Me incorporé.
A mi alrededor la oscuridad se había convertido en el cielo más azul que jamás había visto y el suelo era suave al tacto… Suave y blanco como el algodón.

-¡Ya era hora!-la voz de la muerte sonó a mi espalda-. ¿Qué, de turismo por el Túnel o qué? Ten cuidado, no es una zona agradable para pasar mucho rato. Puedes convertirte en un alma en pena. O peor, un zombi. Es broma, las almas en pena no existen. Pero sí los fantasmas. Son cosas distintas. ¡Vaya que si lo son! No puede existir un alma en pena si, cuando mueres, te quedas sin alma, ¿no?

12 de abril de 2015

Caminante (PdA, parte X)

La muchacha no tenía ningún tipo de contención contra el polvo, lo cual le resultaba muy extraño. La pobre chica comió y bebió rápidamente, como si fueran a arrebatarle la comida en cualquier momento.
-Despacio-le dijo. Era la primera vez que hablaba con alguien en mucho tiempo. Sintió la arena colarse por su boca y el sabor de la tierra al abrirla-, despacio, o te sentará mal.
-¿Quién eres?-su voz sonaba como una lija, producto de respirar polvo. No pudo evitar toser al hablar.
-Déjalo en un simple caminante.
De repente, el semblante de la joven cambió, como si de repente hubiera recordado algo.
-¡Oh! Yo… ¡Por favor, tiene que ayudarme!-se levantó, dejando la botella de agua y la lata de comida en el suelo-. Por favor… ¡Debo volver! ¡Ellos me obligaron a huir! ¡No queda lejos, puede venir conmigo!
El hombre frunció el ceño. Comprobó apartando un poco la cortina de la ventana de la estancia en la que se encontraban que no hubiera ningún movimiento en el exterior y le preguntó:
-¿Volver a qué sitio? Todo está muerto en nuevo mundo.
Ella le miró, como a punto de contarle el mayor secreto del mundo. Y vaya si lo era.
La chica le habló de una extraña historia acerca de un búnker donde se realizaban extraños experimentos de los que, por mucho que la joven muchacha lo intentara, el hombre no entendía ni la cuarta parte de lo que le contaba acerca de ellos.
-¡Fuimos nosotros!-bramó, de repente, como si necesitara confesar su enorme crimen-. Nosotros hicimos… Esto. Todo esto es culpa nuestra. No sabíamos que jugábamos con fuego…

-¿Qué?-el hombre se disponía a seguir preguntándole acerca de aquello a lo que se refería, cuando oyeron que la puerta en el piso de abajo se abría a la fuerza. Se llevó un dedo a los labios, pidiéndole una vez más silencio, y le indicó que se escondiera tras la puerta.

8 de abril de 2015

La visita de la Dama (La vida de la Muerte, parte I)

"Cuántas cosas por hacer...", fue lo primero que pensé cuando abrí, extrañado, los ojos. Estaba sentado en un taburete de madera, con una camisa de manga larga remangada hasta el brazo y las manos metidas en el lavamanos lleno de agua... Teñida de rojo, el rojo de mi sangre, que manaba de dos profundas heridas abiertas mis muñecas. ¿Qué demonios había pasado?
Mis pensamientos fueron interrumpidos por un repentino apagón.
Al volver la luz, ya no estaba solo en el baño.
Una figura alta, tanto que casi rozaba el techo, se hallaba detrás de mí; una capucha oscurecía su rostro, de tal manera que imposibilitaba la visión de su faz. Una mano esquelética y blanca como el hueso empuñaba una guadaña casi tan alta como la criatura... Como en tantas películas de terror que había visto. Aquello era la Muerte. Sabía los motivos por los que había venido en mi busca, mas no recordaba nada de lo que me había pasado. ¿Suicidarme, yo?
-¿Qué? ¿Ya no te gustaba la vida?-la inmensa criatura se sentó sobre el váter, clavó su enorme guadaña en el suelo, sacó de entre sus desvencijados y negros ropajes una amarillenta libreta y miró hacia mí o, al menos, levantó la capucha de manera que veía el negro abismo bajo su capuchón como si me estuviera mirando-. ¿Cómo te llamas?
Caí del taburete de la impresión y me di contra el lavamanos.
-Tranquilo, les pasa a todos. ¿Serías tan amable de decirme tu nombre?
Su voz tenía la misma textura que la lija al raspar la madera.
Intenté articular mi nombre, pero las palabras no llegaban a mi boca. Tampoco cómo me llamaba.
-Madre mía, cada vez los hacen más tontos-se incorporó, tomó mis brazos y miró las heridas-. Vale, miraré en la categoría de suicidas...-las soltó con desdén y volvió a sentarse, desplazando su dedo sobre las amarillentas páginas-. ¡Lo tengo!
Al llegar a la "categoría", comenzó a mirar los nombres, raspando el papel con el hueso de su falange, proyectándose en mitad del aire imágenes de personas que, supuse, se suicidarían o se habían suicidado ya. En ninguna de las que proyectó vi mi rostro.
-Qué raro... No sales en lista-volvió a mirarme-. Tendré que llevarte con el Superior, a ver qué nos dice. ¡Te va a encantar! ¡Es de lo más majo que te puedas encontrar en esta vida! Bueno... ¡Más bien, muerte!-soltó una carcajada y, con la velocidad del rayo, guardó el extraño listado, agarró su famoso dalle, apresó mi brazo y golpeó dos veces el suelo con la parte de madera de su arma.


5 de abril de 2015

Motivo (PdA, parte IX)

Creyó ver algo en mitad del polvo en suspensión, un movimiento.
De repente, como si una luz hubiera apartado a un lado la maldita arena que engullía todo, la vio.
Dijo su nombre. Su cara, ¡era su cara! ¡Era ella! Corrió escaleras abajo sin pensar, sin razonar, abrió la puerta de la casa y la buscó en mitad de la densa calima. Debía estar cerca, tenía que estar cerca…
Vio algo moverse de refilón, estiró el brazo a tientas y tiró del repentino bulto que encontró en mitad de la nada. A rastras, condujo a quienquiera que realmente fuese aquella persona al interior del caserón, cerrando la puerta tras ellos.
Quedó mirando por la ventana. Era imposible ver nada. Por si acaso, corrió las roídas cortinas (como si fuera a servir de algo en caso de que sus perseguidores decidieran inspeccionar las viviendas) y vio a la persona a la que había metido en su refugio, preguntándose ahora qué tipo de impulso se había adueñado de él para haber llevado a cabo semejante locura.
Era una chica joven, estaba muy, pero que muy delgada. No era ella, no era el amor de su vida. ¿Qué demonios le había pasado?
Ella le miraba, entre asustada y sorprendida. Pensó en el aspecto que debía llevar: ropa sucia, cara oculta tras el respirador y las gafas.
Llevaba tiempo sin hacer el esfuerzo de respirar el aire cargado de polvo pero, para ganarse su confianza, decidió retirar el equipo de respiración de su rostro, junto con sus gafas de buceo.
Cuando quedó su rostro al descubierto, llevó un dedo a sus labios, pidiéndole silencio. Ella asintió. Comenzó a acercarse.

La condujo, sin saber muy bien por qué, escaleras arriba, y le dio agua y algo de comida.

1 de abril de 2015

Señal (PdA, parte VIII)

Cuando encontró su cuerpo colgado de la viga de una de las casas abandonadas (una más de tantas ya) en la que habían decidido pasar la noche, no podía dar crédito.
Se pasó no sabía ni cuánto tiempo llorándola, sin comer ni beber, sin dejar de preguntarle al cadáver de lo que había sido su otra mitad cómo había sido capaz de abandonarle “Juntos habríamos podido”, le gritaba, volviendo a llorar acto seguido.
Un día había intentado seguirla, seguir la senda que había marcado la persona que representaba la mitad de su mísera vida. Cuando dio el paso adelante para abandonar el taburete del que se había servido su mujer para realizar el mismo acto que él se disponía a llevar a cabo, la viga no pudo soportar su peso y cayó al suelo sobre la marcha.
No volvió a intentarlo más.
Aquello había sido una señal, o al menos eso pensó él en aquel momento. Tenía algo pendiente por realizar, algo que no sabía, pero que llegaría.
Tiempo atrás, al menos eso parecía claro. Ahora, se preguntaba el motivo por el que seguía vivo; ¿por qué la viga no resistió y le dejó marcharse? ¿Acaso su destino era esperar a que se agotara el agua y la comida y esperar? ¿Tan cruel iba a ser su final? ¿Morir por falta de alimentos?

“Por favor, ayúdame”, le suplicaba a ella cada vez que, de forma involuntaria, decía su nombre en alto. “Dime qué debo hacer, dame un camino que seguir… O llévame ya contigo”.

Oyó ruido a lo lejos.
Pasos. Pasos rápidos y fuertes. Alguien estaba corriendo.
Más lejos, oía carcajadas. Muchas carcajadas, unas risas polvorientas y secas. Una manada se acercaba.
Se asomó a la ventana del piso superior, escopeta en mano y machete a la cadera, tratando de ver algo, en vano. Cada vez los sonidos eran más cercanos...

29 de marzo de 2015

Pensamientos (PdA, parte VII)

... Al llegar junto a la cisterna, se dejó caer sobre sus rodillas  y lloró. Lloró por ser él uno de los supervivientes a los que les había tocado vivir aquella pesadilla sin fin, una pesadilla que había salido del mundo onírico y había impuesto su oscuro reinado sobre la realidad.

         Tiempo después, aún seguía en aquel vecindario.
Había decidido instalarse de forma indefinida en aquella urbanización.
Cada vez que tenía los ánimos suficientes para salir, registraba alguna de las casas colindantes. Sus pesquisas dieron muy buenos resultados.
Por motivos obvios, decidió hacerse fuerte en una vivienda diferente de la primera a la que había estado, pues en caso de que cualquier otro decidiera darse un paseo por aquellos lares podría descubrir su escondite sin el más mínimo esfuerzo.
Había escogido una que le permitiera poner pies en polvorosa en caso de una situación peliaguda: tenía puerta de atrás y un saliente en la primera planta desde el que podía saltar si lo precisaba. La visibilidad no importaba por cuestiones obvias; si el peligro llegaba, debía estar preparado para oírlo llegar antes de que el peligro se percatara de su existencia.
Además de las ventajas de escape, la casa era grande. Tenía preparados diversos escondites y tenía los víveres y el agua repartidos por diferentes zonas de la vivienda para no perderlo todo si a alguno de los “lobos” le daba por registrar su morada. Su mochila de viaje la tenía preparada en el jardín trasero, bien provista de pertrechos y con todo lo necesario para vivir un poco más aquella insufrible existencia… De la cual se planteaba muchas veces, antes de conciliar el sueño, por qué se seguía aferrando a ella.
La mayor parte del tiempo que pasaba despierto se lo pasaba alerta por si oía llegar alguna visita no deseada. Cuando no, fingía (no sabía si fruto de la locura de estar solo o por el puro aburrimiento) que llevaba una vida normal, que aquél era su hogar y que veía cosas en la televisión. Muchas veces se volvía tan viva su imaginación que se sorprendía a sí mismo cuando escuchaba su voz llamando a su difunta mujer.
Ella no había podido lograrlo.

Se lamentaba de no haberse dado cuenta de que la llama de sus ojos se apagaba, que ya no le veía sentido a la existencia… 

25 de marzo de 2015

Tristeza (PdA, parte VI)

... Delante del hombre había una escalera de caracol que ascendía al segundo piso y un pasillo al lado de ésta que hacía un quiebro hacía la derecha; a su izquierda, un cuarto de estar con una polvorienta televisión que colgaba de la pared y un sofá marrón debido a la arena. Se internó en el pasillo y encontró la cocina, que registró a fondo. Al menos, se hizo con algo de comida, la cual guardó en la mochila antes de que el rugido de su estómago le hiciera caer en la tentación de saltarse el duro racionamiento autoimpuesto.
         Subió al segundo piso y sólo halló un par de habitaciones. Ni rastro de agua, pero podría pasar la noche sobre un colchón… Un pequeño consuelo.
         Se metió en la primera de las habitaciones, llevó a cabo el cambio de tanque de oxígeno, puso la recién usada a recargar y la escondió en la parte superior del armario, colocó la mochila tras un sillón que había en una esquina y se dirigió al segundo cuarto.
         Se llevó la sorpresa de que no era otra habitación, sino un pasillo con unas empinadas escaleras. Su esperanza de encontrar agua aumentó a pasos gigantes.
         Las subió con la máxima rapidez que pudo y abrió la puerta que había al final de ellas. Al abrirla, no sin esfuerzo, vio uno par de cisternas con sus respectivas tapas. “Por favor, que no se haya colado arena…”.
         Forcejeó con la tapa, que o era muy pesada o él estaba muy cansado. Tras varios intentos de levantarla, oyó un pequeño crujido y, a continuación, cedió. Casi con miedo por llevarse una decepción, asomó su cabeza al interior. ¡Había agua! Volvió a tapar el bidón y bajó corriendo a por sus botellas de agua para rellenarlas.
         Mientras subía, le dio por pensar en el agua que quedaría para consumo humano en el mundo. El paso deceleró, pesimista. Alcanzó la azotea.
         ¿Cuánto tiempo de vida le quedaba?
         Había pasado los últimos meses, quizás años, de su existencia sin hacerse esa pregunta. ¿Cuánto tardaría en llegar el momento en el que se quedara definitivamente sin agua? ¿Cómo era morir por falta de agua? Imaginó su cuerpo, ya malnutrido a pesar de la fortuna que acudía en su ayuda cada vez que se veía a punto de quedarse sin recursos… ¿Cuánto soportaría la cuerda floja en la que andaba?...

22 de marzo de 2015

Refugio (PdA, parte V)

... Las noticias acerca del incidente, al principio, habían pasado desapercibidas. Algunas páginas en internet se hicieron eco del percance, pero se le restó la importancia que merecía. Hasta los “expertos” pasaron por alto aquello que comenzó como una simple tormenta de arena en algún punto perdido en el desierto del Sáhara. Expertos… “Pobres humanos”, se decía, “No sabíamos lo que se nos venía encima. Fuimos demasiado soberbios y subestimamos la fuerza de la naturaleza… Si es que esto es obra suya”.
         Al cabo de días la tormenta no cesaba, al contrario, crecía de una forma desmesurada para ser una simple tormenta de arena. Su expansión iba en una especie de circunferencia que se internaba aún más en el continente africano y ya había alcanzado el sur de Europa, causando estragos y arrasando la cordura de las personas allá por donde pasaba.
         ¿Cuánto tiempo hacía que no veía un niño? Prefería no pensarlo. Sin duda, las personas con problemas respiratorios habían sido los primeros en sucumbir, junto con los ancianos y los niños. ¿Cuántas personas seguirían vivas en ese mismo instante? Los pocos supervivientes que quedaban a estas alturas, con seguridad, o bien habían dado rienda suelta a los impulsos más primitivos del ser humano y dejaron que la locura manejara sus actos o bien, como el hombre, caminaban sin rumbo en busca de un lugar mejor. La esperanza era lo único que se perdía.
         Inmerso en sus pensamientos, alcanzó al fin una de las zonas residenciales de la ciudad.
         Haciendo un gran esfuerzo por distinguir lo que había ante sus ojos, vislumbró una calle ancha y coches aparcados a ambos lados de la carretera. Se acercó a la casa más próxima de su posición e intentó abrir la puerta. Le costó. Era una buenísima señal… Cuanto más complicada de abrir, más posibilidades de encontrar lo que necesitaba en el interior.

         Consiguió arrastrar la puerta, que rugió contra el suelo y dibujó el movimiento de apertura sobre el polvo que lo cubría por completo. Cerró tras de sí y comprobó su regulador. Le quedarían aproximadamente dos horas de aire. Siguió adelante...

19 de marzo de 2015

¡Feliz día del padre!

He intentado comenzar esta entrada unas cuantas veces y no sé qué decir.
No es que no haya nada que comentar... Al contrario. Hay muchísimo que escribir.
Tampoco es que no haya nada que agradecer... En absoluto, pues no hay nada que sea lo suficiente en este mundo para darle las gracias a mi padre por todo lo que ha hecho por mí.

Cuando apenas medía un palmo, siempre estuviste conmigo.
Todavía tengo en mi recuerdo algunas imágenes inconexas de momentos de mi vida que pasamos juntos... Las risas, los juegos... Hacías lo imposible por cuidar mis pasos... Y aún a día de hoy lo sigues haciendo.

En mi memoria todavía palpitan las cosas que hacíamos juntos cuando apenas comenzaba a hacer el uso de mi razón... Aún todavía siento muy vivos los paseos de tu mano los domingos por la mañana, las cintas VHS de dibujos animados que siempre comprabas... ¡Eran tantas que hasta tuviste que comprarme una estantería para colocarlas todas! Recuerdo cuando me intentaste enseñar a ir en bici (con pésimos y catastróficos resultados, todo hay que decirlo)... Compraste una baca solo para poder llevar aquella bicicleta (que en aquel entonces me parecía enorme) a un sitio llano donde pudiera aprender... ¿Qué no hará un padre?

Ha llovido ya mucho desde aquel entonces, pero eso no significa que hayas dejado de hacer cosas por mí... Era solo para que supieras que todavía siguen presentes en mi vida todos los consejos que me has dado a lo largo de los años, la paciencia que tuviste para meter en vereda a un niño cabezota como el que fui y sigo siendo...

Lo que soy hoy en día, lo soy gracias a ti. Y un poquito gracias a mamá, vamos a admitirlo. Es broma.
Gracias a los dos (aunque sea el día del padre jaja) por guiarme por el camino adecuado y darme los valores por los que me rijo...

Feliz día del padre, papá. Te quiero.

18 de marzo de 2015

Nostalgia (PdA, parte IV)

... Se quitó la mascarilla y extrajo los conductos de aire de la botella gastada, apretando con el pulgar contra la boquilla de salida del aire para evitar que se metiera la arena en suspensión, desacopló el filtro-compresor de la bombona llena y le introdujo el sistema de respiración con la mano libre. A continuación, se colocó de nuevo el respirador y cogió aire varias veces para comprobar que siguiera funcionando correctamente a la par que ponía a funcionar el dispositivo de “purificación de aire” en el nuevo tanque. Todo en orden.
         Finalizado el proceso, llevó las botellas al pie de la escalera (donde había dejado el resto de sus pertenencias) y comenzó con la organización de los objetos.
         Colocó en el primer escalón el machete y la escopeta, recolocó los objetos dentro de la mochila de manera que quedaran uniformemente repartidos y, sobre ellos, metió a presión el saco de dormir. A los lados de la mochila ajustó las correas para que quedaran bien sujetos los tanques y no resbalaran con el movimiento al caminar. Cuando hubo terminado, se lo colocó todo a la espalda, con cuidado de no desconectar los tubos que le proporcionaban aire. Por último, el machete a la cadera y la escopeta colgando del hombro. Estaba preparado para emprender de nuevo su viaje a ninguna parte.
         Salió de la casa y la dejó atrás sin volver la vista al camino que dejaba tras su paso. Unos pocos minutos más tarde, la densa arena en suspensión se encargó de no dejar ni rastro de la presencia del hombre que había estado allí.

         No sabía cuántos días había estado caminando por aquella angosta carretera, pero al ver el cartel que indicaba la llegada a una pequeña ciudad sintió un pequeño, muy pequeño alivio, pues sus reservas de agua y de comida estaban a punto de desaparecer, a pesar del cuidado que había depositado en el control del consumo, un estricto, a la par que necesario, racionamiento, con el propósito de estirar lo máximo posible la duración de los víveres…
         La nostalgia le hizo recordar los supermercados. “No te hagas esto, no vas a conseguir nada”, se decía a sí mismo cada vez que volvía a recordar un pasado en el que algo tan básico como el comer se daba por sentado.

         No podía evitarlo. ¿Quién iba a pensar en que iba a ocurrir esta catástrofe?...

15 de marzo de 2015

Cambio de aire (PdA, parte III).

... Todavía sentía muy vivo el recuerdo.
La sangre salía a borbotones de su garganta. Tras su máscara se podía adivinar la sorpresa del fatídico golpe, de sentir los brazos de la Muerte rodeándole tan pronto. El perseguidor llevó una de sus manos a donde la carne se había separado y cayó, sin fuerzas, sobre sus rodillas. Fue apenas unos segundos más tarde cuando soltó su último y ahogado aliento y su cuerpo hizo crujir las ramas muertas y levantó el polvo del suelo al abandonarle la vida, dejando caer el arma que instantes antes había disparado contra él. Luego, sin miramientos, el hombre registró el cadáver y las pertenencias del perseguidor para seguir huyendo. Era imposible saber si aquellos locos se consideraban lobos solitarios o iban en una manada… Una manada feroz y sin escrúpulos contra la que no podría hacer nada.
         Lamentando ésta y otras múltiples cosas horribles que había tenido que hacer en los últimos tiempos, bajó las escaleras, mientras controlaba en el regulador la cantidad de oxígeno que le quedaba en el tanque de oxígeno. Tenía que cambiarla.
         Había decidido esconder la otra bombona en un lugar a parte; el agua, la comida y las armas eran importantes, pero el oxígeno se había convertido en uno de los bienes más preciados, y él contaba con un pequeño invento que le permitía llevar dos botellas de oxígeno y no estar cargando, como tantos otros, con carros llenos a reventar de recipientes de oxígeno.
         La simple invención era un sencillo filtro incorporado al trasvasador de aire que le permitía al tanque rellenarse sin dejar entrar el polvo, con un pequeño compresor acoplado que empujaba hacia el filtro el aire. Era un proceso lento, pero con la autonomía de diez horas que le proporcionaba cada botella podía permitirse la duración de la recarga.

         Al llegar a la cocina, se arrodilló ante el fregadero y extrajo del armario que había bajo él la otra botella de oxígeno que poseía. Comprobó en el manómetro que se hubiera rellenado sin problemas… Sí, la presión indicaba que se había recargado. Detuvo el aparato, cogió aire para respirar el menor tiempo posible el polvo y comenzó el cambio de tanque...

11 de marzo de 2015

"Suerte" (PdA, parte II)

... El hombre recordó sin motivo aparente la suerte que tenía de haber sido instructor de buceo y poseer un almacén para uso propio de bombonas de oxígeno (cuyo peso no era para nada liviano) y su respirador. Nunca pensó que unas gafas de buceo fueran tan útiles fuera del agua, ya que gracias a ellas conseguía evitar que se introdujera la arena de aquella densa calima en sus ojos y le permitían mantener, dentro de lo que cabía, la visibilidad en este nuevo e inhóspito mundo.
         Miró su escopeta, que descansaba en el suelo justo encima de donde había estado durmiendo con su sucio saco. La recogió y se dirigió con ella en mano al ventanal del desván en el que se encontraba.
         Había colocado en la esquina del lado de la ventana la enorme mochila en la que llevaba sus suministros más valiosos: los cartuchos que no estaban cargados en la escopeta, el machete (lamentablemente, había tenido que echar mano de él en muchas ocasiones a estas alturas), varias latas de alimentos sin etiquetas y una multitud de botellas de agua de distintos tamaños y formas, algunas vacías y otras más vacías que llenas, una petaca de plata (herencia familiar) a medio llenar y un odre que, afortunadamente, todavía no se había visto obligado a usar. Esperaba no tener que desprenderse de ninguno de sus valiosos recursos, algunos propios, otros intercambiados (gracias al desaparecido cielo, no todos se habían vuelto locos con la llegada del polvo) y otros, muy a su pesar, saqueados.
         Miró por la ventana. Apenas se conseguía distinguir el exterior, pero intuía el caminito que había encontrado y que le había llevado al refugio en el que se encontraba ahora, donde el aire estaba menos cargado y había conseguido descansar, por poco que fuera.
         Imágenes del hombre muerto al que le había quitado el arma le asaltaron, una vez más. Recordaba el tajo que le había hecho en el cuello cuando, tras correr por el bosque, había aprovechado la poca visibilidad que permitía la atmósfera actual para pararse en seco tras un tronco, escuchar sus pasos presurosos y lanzar la mortal estocada.

         Todavía sentía muy vivo el recuerdo...

8 de marzo de 2015

Despertar (PdA, parte I)

Su despertar fue un sobresalto, una sensación de caída al abismo.
         Incómodo, se revolvió dentro del maloliente saco de dormir, levantando el polvo del suelo de madera sobre el que había decidido dormir la noche anterior. Si es que existía aún la noche, claro estaba. No se puede saber algo que no se ve.
         El cielo ya no existía. El sol, la luna y las estrellas habían sido totalmente cubiertos por una  nube de densa arena que cubría por completo el planeta… Tan densa que era capaz de crear una completa oscuridad que se había adueñado del planeta azul, condenando a la luz del sol al eterno olvido; se hacía imposible respirar sin una bombona de oxígeno a la espalda y el correspondiente respirador pegados a la nariz y boca.
         El agua… Lo que más costaba era encontrar agua que no fuera fango. Las ya incontables presas a las que había ido  con la esperanza de encontrar una gota que beber parecían más un desierto que una reserva. Hacía tiempo ya que el agua no fluía por las inmensas tuberías, seguramente sedimentadas al intentar arrastrar tamaña cantidad de polvo junto con el líquido de la vida. Y qué decir de las costas… Mares y océanos habían sucumbido ante un infinito desierto que unía toda la corteza en un interminable, único e insufrible continente…
         Miró su sucio reloj de pulso, más por una romántica costumbre que por verdadera necesidad… Aquel reloj marcaba más la nostalgia de tiempos pasados que la verdadera hora… Hacía bastante que los números que señalaban las manecillas habían dejado de tener sentido.
         Tras pasarse un rato mirando el mecanismo sin moverse, tomó la decisión de incorporarse, salir de su saco y comenzar la labor de ponerse en marcha, mientras a su mente volvían, como a cada despertar, los recuerdos de su vida, no tan lejanos como realmente le parecían ahora.
         Taladraban su cerebro las imágenes de su rutina: niños en el vecindario, dormidos, de camino a sus escuelas, padres y madres apresurándoles para no llegar tarde… Gente normal, con sus estresadas vidas… No gente que matara a otra gente.

         Oh, sí… Echaba mucho de menos la civilización. Desde que había comenzado aquella locura, todo lo que se daba por sentado se esfumó sin previo aviso: la desesperación y el caos se adueñaron de las ciudades como una epidemia mortal y en apenas unas horas todo rastro de humanidad había desaparecido como la pólvora...

5 de marzo de 2015

El que quiera leer, que lea.


Mi amigo no tenía ni idea de la cadena de acontecimientos que desencadenaría aquella foto que me mandó una noche, sin motivo alguno. “¿Te suena?”, me preguntó cuando mandó una imagen vía Whatsapp con un pequeño fragmento de un relato.
Reconocí algo de mí en aquellas líneas, así que le contesté que aquello era mío.

Aquello era este blog.

La historia no puede ser más sencilla: el blog consistía en un trabajo que un profesor de Informática de segundo de Bachiller había propuesto. Las tareas relacionadas con esa época siguen en el blog…
Pero el contenido que quiero ofrecer actualmente dista mucho de lo que ofrecí en aquel entonces.
Al enviarme mi amigo aquella imagen, le hablé del blog a la persona que ha decidido acompañarme en esta aventura que es la vida. Nunca podré devolverle todo el ánimo que me ha dado para que desarrolle este hobby del que soy adicto que es escribir. Cualquier cosa, lo que sea.
Seré sincero… No soy un escritor regular. Tengo muchos bloqueos y no dispongo de todo el tiempo que me gustaría tener de dedicación a lo que considero mi mayor pasión… Pero intentaré tener siempre algo, por poco que sea, cada poco tiempo.
Gracias a los que hacen posible el comienzo de esta pequeña aventura.

Y, sin más dilación, comencemos.

27 de junio de 2011

Conversando con la luna (I)

Y avanza el tiempo, inexorable...
Ya no recuerdo cuándo fue la última vez. Fue hace bastante... y quedó dicho que nunca más. Pero claro, del dicho al hecho hay un trecho que no soy capaz de atravesar.
Cuántas veces irán ya... intentar y fracasar, intentar y fracasar... ¿Acaso no me he cansado ya de perder tanto dinero en esta mesa de póquer?
Siempre es igual. Te reparten tus cartas y parece que tu mano tiene posibilidad de llevarse lo apostado... te lo terminas jugando todo cara a cara con tu rival directo en juego y, finalmente, el bote se lo lleva él porque su escalera es más alta que la tuya... Te han sacado de la mesa y del torneo, ¡adiós, chaval! ¡Más suerte la próxima!
Pero en la próxima tampoco mejora. Ni en la siguiente. Ni nunca...
Te llegas a plantear si de verdad alcanzarás aquello que un día viste. "Un ángel", llegaste a decir. Lo que pasa es que no sabías que terminaría siendo uno de tus mayores sufrimientos...
Nunca llegarás a decirle un te quiero, o un te amo. Por el simple hecho de que en tus planes no habías introducido la posibilidad de que no ofreces lo que busca... y ahora sufres las consecuencias. Volviste a meter la pata, incumpliste lo que dijiste y ahora no sabes cómo salir...
Vaya preparando la morfina, doctor, que cierto corazón necesita ser reparado y no encuentra otra forma de ser aliviado que escribiendo palabras en fragmentos de una especie de diario...