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15 de abril de 2015

El Túnel (La Vida de la Muerte, parte II)

El cuarto de baño comenzó a ser devorado por una densa bruma negra que se propagaba desde el suelo y escalaba viscosamente hacia el techo, enfriándolo todo a medida que avanzaba. Sentí pavor. No transmitía buen rollo para nada.
La Muerte, ajena a mi temor, seguía parloteando:
-¿Te has parado a pensar en la de siglos que tu especie lleva considerándome un ente femenino?-giró la guadaña y una blanca puerta apareció en mitad de la crepitante oscuridad en la que se había convertido el baño-. ¡¿Nadie se ha parado a pensar en que puedo ser un tío o qué?!
Llamó a la puerta con su esquelética mano. Con un quejido, ésta se abrió, dejando ver un pasillo con una luz al fondo.
Quise preguntarle que si ése era el famoso túnel, pero seguía sin poder articular palabra.
-¿A qué esperas? ¡Pasa! ¡Como si estuvieras en casa!-me empujó hacia dentro, pasando detrás de mí.
Al cerrarse la puerta no había más luz en aquel pasillo que la que se vislumbraba allá al fondo. No sentía la presencia de mi compañera (o compañero) la Muerte por ningún lado. Me sentía solo.
Una sensación de absoluta tristeza me atacó. ¿Qué era todo esto?
Sin saber muy bien el porqué, caminé hacia aquella luz. Cada paso que daba me costaba más, sentía como si a cada zancada me pusieran plomo en los pies.
Miré al frente. La luz parecía menos lejana, pero lejos aún. Tropecé.
El sentimiento de tristeza crecía en desmedida. Me acurruqué, sin poder articular sonido, abrazándome las rodillas en el suelo.
Sonidos secos de pasos en el suelo llegaron a mis oídos; se pararon. A continuación, una mano me asió del hombro y me arrastró por el suelo.
Había pasado una eternidad cuando noté algodón bajo mi cuerpo.
La sensación de tristeza había desaparecido igual que llegó, de golpe. Me incorporé.
A mi alrededor la oscuridad se había convertido en el cielo más azul que jamás había visto y el suelo era suave al tacto… Suave y blanco como el algodón.

-¡Ya era hora!-la voz de la muerte sonó a mi espalda-. ¿Qué, de turismo por el Túnel o qué? Ten cuidado, no es una zona agradable para pasar mucho rato. Puedes convertirte en un alma en pena. O peor, un zombi. Es broma, las almas en pena no existen. Pero sí los fantasmas. Son cosas distintas. ¡Vaya que si lo son! No puede existir un alma en pena si, cuando mueres, te quedas sin alma, ¿no?

8 de abril de 2015

La visita de la Dama (La vida de la Muerte, parte I)

"Cuántas cosas por hacer...", fue lo primero que pensé cuando abrí, extrañado, los ojos. Estaba sentado en un taburete de madera, con una camisa de manga larga remangada hasta el brazo y las manos metidas en el lavamanos lleno de agua... Teñida de rojo, el rojo de mi sangre, que manaba de dos profundas heridas abiertas mis muñecas. ¿Qué demonios había pasado?
Mis pensamientos fueron interrumpidos por un repentino apagón.
Al volver la luz, ya no estaba solo en el baño.
Una figura alta, tanto que casi rozaba el techo, se hallaba detrás de mí; una capucha oscurecía su rostro, de tal manera que imposibilitaba la visión de su faz. Una mano esquelética y blanca como el hueso empuñaba una guadaña casi tan alta como la criatura... Como en tantas películas de terror que había visto. Aquello era la Muerte. Sabía los motivos por los que había venido en mi busca, mas no recordaba nada de lo que me había pasado. ¿Suicidarme, yo?
-¿Qué? ¿Ya no te gustaba la vida?-la inmensa criatura se sentó sobre el váter, clavó su enorme guadaña en el suelo, sacó de entre sus desvencijados y negros ropajes una amarillenta libreta y miró hacia mí o, al menos, levantó la capucha de manera que veía el negro abismo bajo su capuchón como si me estuviera mirando-. ¿Cómo te llamas?
Caí del taburete de la impresión y me di contra el lavamanos.
-Tranquilo, les pasa a todos. ¿Serías tan amable de decirme tu nombre?
Su voz tenía la misma textura que la lija al raspar la madera.
Intenté articular mi nombre, pero las palabras no llegaban a mi boca. Tampoco cómo me llamaba.
-Madre mía, cada vez los hacen más tontos-se incorporó, tomó mis brazos y miró las heridas-. Vale, miraré en la categoría de suicidas...-las soltó con desdén y volvió a sentarse, desplazando su dedo sobre las amarillentas páginas-. ¡Lo tengo!
Al llegar a la "categoría", comenzó a mirar los nombres, raspando el papel con el hueso de su falange, proyectándose en mitad del aire imágenes de personas que, supuse, se suicidarían o se habían suicidado ya. En ninguna de las que proyectó vi mi rostro.
-Qué raro... No sales en lista-volvió a mirarme-. Tendré que llevarte con el Superior, a ver qué nos dice. ¡Te va a encantar! ¡Es de lo más majo que te puedas encontrar en esta vida! Bueno... ¡Más bien, muerte!-soltó una carcajada y, con la velocidad del rayo, guardó el extraño listado, agarró su famoso dalle, apresó mi brazo y golpeó dos veces el suelo con la parte de madera de su arma.


27 de junio de 2011

Conversando con la luna (I)

Y avanza el tiempo, inexorable...
Ya no recuerdo cuándo fue la última vez. Fue hace bastante... y quedó dicho que nunca más. Pero claro, del dicho al hecho hay un trecho que no soy capaz de atravesar.
Cuántas veces irán ya... intentar y fracasar, intentar y fracasar... ¿Acaso no me he cansado ya de perder tanto dinero en esta mesa de póquer?
Siempre es igual. Te reparten tus cartas y parece que tu mano tiene posibilidad de llevarse lo apostado... te lo terminas jugando todo cara a cara con tu rival directo en juego y, finalmente, el bote se lo lleva él porque su escalera es más alta que la tuya... Te han sacado de la mesa y del torneo, ¡adiós, chaval! ¡Más suerte la próxima!
Pero en la próxima tampoco mejora. Ni en la siguiente. Ni nunca...
Te llegas a plantear si de verdad alcanzarás aquello que un día viste. "Un ángel", llegaste a decir. Lo que pasa es que no sabías que terminaría siendo uno de tus mayores sufrimientos...
Nunca llegarás a decirle un te quiero, o un te amo. Por el simple hecho de que en tus planes no habías introducido la posibilidad de que no ofreces lo que busca... y ahora sufres las consecuencias. Volviste a meter la pata, incumpliste lo que dijiste y ahora no sabes cómo salir...
Vaya preparando la morfina, doctor, que cierto corazón necesita ser reparado y no encuentra otra forma de ser aliviado que escribiendo palabras en fragmentos de una especie de diario...